SECTOR DE TIERRA DEL FUEGO 
ANCHIPIELAGO DEL FIN DEL MUNDO

La isla más grande de Sudamérica se halla al final del continente, abrazando el Estrecho de Magallanes desde abajo. Similar en tamaño a irlanda, la acompaña un cortejo de islas menores que se desgranan hacia el sur hasta el Cabo de Hornos. Este mundo insular es lo que conocemos como Tierra del Fuego. La Isla Grande, la principal, habitada por algunos miles de personas y un millón de ovejas, está dividida entre Chile y Argentina.

Tierra del Fuego debe su nombre al humo de fogatas encendidas por los indígenas que observó Hernando de Magallanes cuando la descubrió en 1520.Tres siglos después de su descubrimiento,Tierra del Fuego seguía siendo terra incógnita. Los aproximadamente 4.000 Onas (Selknam) que poblaban la isladesde hacía 10 mil años seguíanre corriéndola sin que alguien los fastidiara, a la caza de guanacos y ñandúes. Pero en 1880 se descubrió oro, y los Onas desaparecieron de la faz de la Tierra.

La porción norte de Tierra del Fuego es como el Outback australiano. Un cielo gigantesco se funde en el horizonte de 360 grados con una estepa color pastel igualmente gigantesca. Lo único que rompe la horizontalidad son árboles torturados por el viento y asentamientos esporádicos con un dejo de soledad tipo Alice Springs. La fauna de esta parte incluye ñandúes, guanacos, zorros y armadillos, además de flamencos, gansos patagónicos y algunos cóndores.



Pero a medida que uno avanza hacia el sur, el terreno comienza a levantarse y los bosques ganan terreno. Pronto se entra a un mundo totalmente diferente, en que las cumbres nevadas de la Cordillera Darwin marchan en el horizonte y bosques barbudos tapizan las laderas y contrafuertes. Aquí se encuentra uno de los secretos mejor guardados de Tierra del Fuego: los hermosos lagos ocultos entre el bosque son un paraíso para la pesca con mosca, con truchas de tamaños muy fotogénicos.

En esta área hay muchos castores, felices construyendo represas, en particular en el Valle de los Castores, cerca de Camerón. En la actualidad se han convertido en una plaga. Aunque los Selknam decían Tierra de Abundancia a su isla, la parte sur ha visto muy poca colonización. Casi no hay presencia humana, lo que indudablemente contribuye a su atractivo: un mundo casi intacto para disfrutar uno solo.
La costa del Canal de Beagle, que bordea la Isla Grande por el sur, es agreste y espectacular, con ventisqueros que descienden hasta sus aguas verde oscuro. Los únicos habitantes son aves y lobos marinos.


 

 QUE VER
  • El Museo F. Cordero Rusque de Porvenir merece una visita.

  • Porvenir fue punto de entrada de inmigrantes, mayormente croatas, atraídos por la fiebre del oro. Una Ruta del Oro por el Cordón Baquedano permite conocer los restos de esa época.

  • El pueblo de Cerro Sombrero resulta ligeramente incongruente en esta vastedad, con sus casas ordenadas, una piscina temperada e, incluso, un observatorio astronómico.

  • Los bosques de lenga a los pies de la Cordillera Darwin deben ser lo más parecidos a la Tierra Media de Tolkien.

  • Tiéndase de espaldas a examinar el celestial cielo patagónico. Luego de un rato, tendrá la sensación de flotar libremente en el universo, con un planeta pegado a la espalda.

 

 QUE HACER
  • Si le gusta la pesca, el lago Blanco es el lugar ideal, con un lodge en una isla. Este lugar tiene una doble ventaja: por un lado, las posibilidades de pescar la trucha más grande de la vida son altas; por otro, si uno sólo atrapa peces pequeños, no habrá nadie cerca para darse cuenta.

  • ¿Se había imaginado que la nada puede ser fascinante? Deténgase en la silenciosa enormidad de la parte norte de la Isla Grande y entenderá lo que queremos decir.
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Ultima Revisión: Martes, 27 Mayo, 2003
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