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ANTARTICA
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UN
MUNDO APARTE
En la antigüedad
la gente creía
que el mundo terminaba
en algún
lugar al sur de
los continentes
entonces conocidos.
En cierto sentido,
tenían razón.
A medida que uno
deja atrás
el Paso Drake y
el Cabo
de Hornos se
sumerge bajo el
horizonte a nuestras
espaldas, el mundo
que conocemos también
queda atrás.
Lo reemplaza un
mundo nuevo, uno
donde los únicos
árboles son
los pinos de Navidad
que traen algunos
de sus residentes
temporales, donde
las fronteras internacionales
no cuentan, donde
aves que no vuelan
lucen smoking y
las que vuelan lo
hacen como bombarderos
en picada, donde
un manto blanco
cubre el paisaje
y el hombre deja
que su faceta más
ecológica
y más universalmente
fraternal emerja
sin tapujos.
Bienvenido a la
Antártica.
Ultima frontera
en más de
un sentido, la Antártica
es un tesoro científico
y ecológico
que atrae tanto
a científicos
como exploradores
y viajeros. Oculta
más de una
sorpresa. Por un
lado, a pesar de
poseer las mayores
reservas de agua
dulce del mundo,
es el continente
más seco
de todos: la humedad
del aire es muy
baja. Por otro lado,
a pesar de no tener
cumbres que superen
los 5.200 mts.,
la Antártica
es el continente
de mayor altitud
promedio sobre el
nivel del mar. Pero
uno no viene a la
Antártica
sólo para
decir que estuvo
en el continente
más seco
o más alto.
Uno viene por su
increíble
hermosura. Por la
experiencia de estar
en un ambiente prístino
donde el hombre
aún es un
visitante. Para
descubrir que el
hielo antártico
es distinto al de
los glaciares patagónicos.
Para charlar con
científicos
e investigadores
de muchos países
que viven y trabajan
codo a codo en sus
remotas bases. Y
para codearse con
pingüinos y
lobos marinos.
Chile posee varias
bases científicas
aquí y lo
que se considera
la única
aldea en el continente
-Villa Las Estrellas-,
donde incluso viven
niños.
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